

Sentencia.Mis manos envolvían una cálida taza de café, el humo danzaba sigiloso y me impregnaba con aquel olor amargo. Al beber un sorbo sentí como el calor quemaba lentamente mi boca provocándome un dolor ligeramente grato. Dejé la taza a un lado y me levanté para saludar a Leonardo, que vestía (a pesar del frío) su camisa jamaiquina favorita la cual le cubría su abultada panza, además de esos pantaloncillos cortos y contradictoriamente un abrigo beige encima, que de vez en cuando rozaba el piso por ser más largo que él. Su escaso cabello teñido de negro cubría forzosamente unSentencia.
Soy del cole.
Te watchearé
No sabía *3*
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